La queja una práctica políticamente correcta 

Antonio Reyes

Por estos tiempos de cuarentena y pandemia, donde la incertidumbre, el desconcierto y la desinformación, inundan  nuestros poros, desatando diferentes emociones que luego son cubiertas de diferentes maneras, con algunas prácticas conductuales y acciones muy encubridoras de lo que realmente nos pueda estar pasando interiormente, tanto a nivel corporal, energético y emocional; esto sucede ya que andamos por el mundo muy desconectados de nosotros y cuando suceden desdichas como esta, básicamente nuestra forma de reaccionar es como lo aprendimos desde pequeños; al no poder sostener ni autoacompañarnos en la frustración y en las emociones, lo que hacemos es encubrir escapándonos como houdinis de lo que realmente sentimos; perdiendo así, ante la crisis, una oportunidad valiosa para crecer, como lo señalan algunas escuelas orientales y transpersonales; esto como resultado de este paradigma racional y además competitivo, que se nos fue inyectado a través de la mal llamada educación y apoyado por la forma de crianza recibida.

Este paradigma que se nos vendió con estímulos enviados desde los medios de comunicación y ahora desde las redes sociales, donde se nos contó una historia sobre la felicidad, la que solo se puede alcanzar a través del crecimiento económico, en una red globalizada de dinero y posesiones. Para alcanzar esto, solo se deberían seguir las normas dictadas por los que manejan los grandes imperios económicos; entonces, nos compramos la idea de que solo se hace lo que los grandes dicen, lo aprendimos desde pequeños así que fue fácil caer en este juego de seguir como ovejas al que va al frente, sin haber aprendido sobre la autonomía y solo esperando que nos digan que hacer.

Por supuesto que estos mandatos están regidos por las políticas económicas a nivel mundial, quienes sistemáticamente, van desarticulando otras posibilidades autónomas y alternativas para el buen vivir, como lo orgánico, holístico y espiritual; con el pretexto que no son medibles, ni descubiertas por la ciencia; es obvio, en un paradigma positivista y patriarcal. 

 

Lo cierto, que esta es, la gran pandemia con la que vive el ser humano hace mucho tiempo, lo demás solo es respuesta o consecuencia a la profunda desconexión del ser humano con su capacidad de autorregulación organísmica; sería bueno contemplar que el daño a la ecología del planeta no inicio cuando se nos ocurrió arrojar los desperdicios al rio, inició con uno mismo, cuando nos dañamos en nuestra capacidad ecológica y autorregulativa de existir.

De lo que no somos conscientes, es que cuando otorgamos nuestra capacidad de decisión y acción a otros (gobernantes y/o dogmas religiosos), también abandonamos nuestra capacidad de hacernos cargo de nuestras decisiones y acciones; es así como, aprendemos a no hacernos responsables de lo que hacemos o dejemos de hacer, puesto que son otros los que toman las decisiones por nosotros; como consecuencia de nuestra neurosis empezaremos a echarle la culpa de todo a los demás, algunos directamente, otros escondidos en discursos y/o actos altruistas, a esto, podríamos llamarle estar en “modo queja”;  desde la visión del maestro Claudio Naranjo sobre el eneagrama, para algunos eneatipos, es más fácil ver su queja, sin embargo también podemos ver la queja escondida en culpa, o ya que es políticamente correcto en victimización. 

Aquí es donde podemos contemplar el profundo bucle donde estamos metidos; claro para esto tendríamos que iniciar un proceso de autoconocimiento y transformación, de esta manera podríamos tomar consciencia de que estar en “modo queja” también podría llamarse “modo victimizado”.  Que no es lo mismo que haber sido víctima de algo, lo cual puede ser cierto, que algo desagradable nos haya ocurrido; pero en este caso lo que sucede es que consciente o inconscientemente, seguimos quejándonos e intentando resolver aquello que no logramos hacerlo en su momento, ya que como no fuimos acompañados y guiados ante la frustración emocional y justamente por no saber qué hacer con la frustración, es que terminamos en “modo queja”; entonces nuestra queja interna la hacemos externa, pero utilizando otros hechos fuera de contexto y completamente atemporal, es decir culpamos al mundo por lo que nos paso, mejor quejarse para no hacernos cargo de los que nos pasa realmente; es así, como perdemos nuestro capacidad organísmica de autorregularnos, no dejando desarrollar nuestro potencial creativo; pero como podríamos ser creativos si bloqueamos la energía autónoma para lograr crear algo diferente en nuestra vida, recuerda que sin creatividad no hay resiliencia, por lo mismo seguiremos atrapados en este bucle de queja y victimización, esperando que Dios o los gobernantes que elegimos, nos salven de nuestras desdichas; así que políticamente es correcto quejarse de los políticos, para no responsabilizarnos, de que siempre elegimos a los políticos incorrectos para que nos gobiernen, como también es político decir “esta pandemia es un castigo de Dios” para no responsabilizarnos de lo que le hacemos al planeta día a día.

Este bucle donde estamos atrapados, infecta nuestra capacidad de percibir y crear otras realidades saludables para nosotros; por lo contrario, crea realidades para justificar el encierro en el que vivimos, a esto ya muchos investigadores lo llaman “zona de confort”; así se retroalimenta la realidad que origino todo, es decir de esta manera, este paradigma del cual venimos se perpetua de por vida. 

Por estos tiempos de cuarentena, donde vemos desmoronarse nuestros sueños de alcanzar el confort y felicidad, muchas cosas por las cuales habíamos luchado y donde nuestra forma de “vivir” o mejor dicho sobrevivir se ve desquebrajada, nuestros hábitos y costumbres impedidos y sobretodo que tal vez nada vuelva hacer como era antes; habría que preguntarnos si estamos dispuestos a querer cambiar esta realidad condicionada por una realidad autónoma; sobre todo si tomamos en cuenta que es el Ego el que se resiste a cambiar, a perder, a soltar el confort; con esta resistencia, estas ganas a querer salir hacia afuera en “modo queja”, nos escapamos de lo que nos va pasando interiormente; es la misma maquina acostumbrada a hacer, hacer y hacer sin consciencia de nosotros y mucho menos de los demás; sí nos tomamos un día de esta cuarentena, para hacer menos y sentir más, tal vez escucharnos, tomando posesión de nosotros mismos, redescubriendo el mensaje de nuestro sentir. Solo respiremos sintamos y expresemos, respiremos sintamos y expresemos, llego el momento de volver a casa.  

Te invito querido lector a que lo hagas un día, a ver qué sucede, experimenta algo nuevo, revive tu creatividad, que el miedo sea un impulsor y no un bloqueador de la salida, no olvides que la puerta de salida es hacía adentro y no hacía afuera.

Sí, claro es posible que el “modo queja” nos diga: “Que hay gente que vive el día a día, que no tiene que comer”, “Que la gente no cumple las medidas de cuarentena”, “Que los gobernantes no hacen nada…”, en fin, esto y mucho más; pero cada quien con su verdad.  Sería bueno tomar en cuenta que cada uno tiene sus propios criterios de realidad, la de algunos tal vez atrapados en este bucle de realidad condicionada, porque nuestra percepción de la salida ante la desdicha solo está en “modo queja o victimizada” y si es así, por desgracia, no podremos salir de ahí. 

Es que, así como es políticamente correcto quejarnos de los otros, también es políticamente correcto quejarnos por los otros; pero y si esta forma de queja por lo que le sucede a los demás, es también para no hacernos cargo de lo que nos pasa realmente, como cuando no hablamos en primera persona sino más bien hablamos de los demás, hablamos en plural, para no asumir la enorme responsabilidad que significa hablar en primera persona y en singular ya que nos evidenciaría ante los demás. 

La desdicha es igual para todos, cada uno en su propia realidad, si no decidimos salir del bucle de queja, a pesar que es políticamente correcto ser victimizado, no podremos evolucionar; es decir pueden aparecer muchas salidas ante esta contingencia, pero si no estamos abiertos a recibir lo nuevo y a nutrirnos con lo que hay, solo nos quedaremos en la queja y ninguna salida creativa emergerá.

Un factor importante que sí debemos tomar en cuenta son los criterios propios de esta realidad pandémica, como el autocuidado y automaternaje en el acompañamiento emocional y por supuesto a continuación el cuidado de los nuestros.

Así que la invitación es que logremos experimentar lo nuevo y a que tomemos conciencia de que el universo quiere que retomemos nuestro camino y no para lo que fuimos condicionado. Regalémonos vida, detengamos la máquina e iniciemos una nueva forma de estar presente en el Aquí y Ahora, tal vez ese día podamos acceder a un hacer más beneficioso para nosotros, para los nuestros, para la humanidad y para el planeta.

¡Mantente Informado!