Hablar de la muerte, sentir la muerte, y ¿vivir la muerte?

La simbología como vía de contacto con lo desconocido.

Por Assumpta Mateu Domènech

Artículo para la Revista de la Asociación Española de Terapia Gestalt (AETG)
para el número de 2019 dedicado a la muerte.

La muerte, dicen, está presente siempre. Tanto así que solo conocemos su sabor, no tiene forma, ni dirección, solo presencia invisible. Se conocen sus consecuencias, sus frutos, pero no su forma. Y ¡ay!, pobre ego, sabe temerla, le lleva tanto, tanto esfuerzo aceptarla, acogerla, mecerla en sus mortales brazos. Escribir sobre la muerte puede ser un insufrible sofrito de lo desconocido, escribir sobre lo que no se conoce de primera mano. La libertad de abrir una página en blanco sobre lo auténticamente desconocido, marca un camino, puede que misterioso, que va configurando su forma de andando como sabía el poeta Machado: “se hace camino al andar”, es decir, experimentando; pero resulta que la muerte solo se experimenta una vez.

Y ¿qué sabía Saramago cuando escribía las Intermitencias de la Muerte? ¿De ese afán humano de eludir, negar, evitar, borrar y aniquilar a la muerte? José Saramago eleva con su arte la expresión grotesca del miedo a la muerte, y la expresión de lo ridículo aparece en una forma bella y divertida donde sientes que hasta que no se adentra uno en el humor nada puede hacerse tangible en nuestras efímeras realidades.
Un día me dispuse a escuchar a personas que se morían. No fue casual, claro que no, pero aterricé en ese espacio atemporal en un tiempo en que había vuelto a Barcelona. Antes en San Diego me había encontrado con Ron, amigo entonces de mi compañero, y dueño de la casa en qué vivian. Y tal vez porque se estaba muriendo de Sida, o tal vez no, en la librería de la Universidad me encontré con Worden, uno de los primeros en teorizar sobre el Acompañamiento al Duelo, desde su experiencia. No tenía ni idea de cuan útil iba a resultarme en los siguientes años. Mis amigos y maestros afectados por la hemofilia y sus familiares cambiaron mi vida para siempre. Hay cosas que llegan para transformarnos, o mejor dicho para abrir pasillos y puertas de comprensión, de repente el aire se mueve, fluye y circula y esos olores añejos, algunos rancios se van para siempre. Pero a veces, es necesario un gran derrumbe, propiamente la caída de las paredes, de los edificios y de las catedrales encima de sus cimientos para así poder despertar. Así qué, eso fue, perdí a mi único hermano, Joan, y ya nada volvió al mismo lugar, y ese ser en su partida deja solo algunos vestigios de la forma antigua y a mí –a mi yo- le tocó formar una nueva.

Y así es, hablamos de perder, ¿perder qué? – me pregunto-. Byung-Chul Han nos comenta que la muerte viene a enfrentar la pérdida de poder. Probable entonces que si renunciamos al poder que desea el ego puede que veamos por fin a la muerte en su forma, y al verla, ella también pierde su poder. Eso nos lleva a esa visión transpersonal, más allá de la persona, del yo, de la dualidad, donde se supone que vida y muerte son lo mismo.
Quiénes han tenido experiencias psicodélicas pueden haber experimentado estados no ordinarios de conciencia, y si la conciencia no es ordinaria ¿a dónde vamos?, ¿qué se corresponde en ese espacio? Seguimos investigando -meditación, sustancias, plantas sagradas, movimientos y danza, oración, vías espirituales, sexualidad sagrada, religiones, ayunos, canalizaciones, ECM, respiración holotrópica, viajes iniciáticos, investigación y preservación de culturas y sabidurías ancestrales, etc. Desde todas las tradiciones la búsqueda, como una cruzada en busca del Santo Grial, del misterio, mejor dicho, en busca de desvelar el misterio. ¿Para qué?, ¿Para sentir que el ego ha vencido?, ¿Para sentir que ya por fin sabemos de qué va la impermanencia?, ¿El secreto de la muerte?.
La búsqueda del héroe es cansada. Tiene su sentido, sus paradas en el viaje, su aprendizaje, pero naturalmente como describió Campbell es circular, “vuelves a casa”.
También se menciona en la Tradición Budista Tibetana, volver al origen esencial y a la unidad desde donde se parte. Este profundo significado lo encontramos también en el libro de Claudio Naranjo “El niño divino y el héroe”, el niño divino interior versus el héroe buscador, uno tiene ya la consciencia de estar en casa desde el principio, no hay afuera dónde buscar, hay unidad y el Todo está ya ahí. “El niño divino al no desear nada, es capaz de disfrutar de todo lo que la existencia le regale; un disfrute ecuánime que incluye la experiencia de su propia muerte”; el otro tiene un camino por delante, lleno de obstáculos y aliados todos de igual importancia para que el héroe/heroína descubra al final que vuelve a Ítaca, qué vuelve a casa comprendiendo que el viaje sirvió para entender que ya estaba en ella, y ese precisamente es el valor intrínseco de ese viaje. Los medios mencionados que se usan en el camino del héroe, me parecen magníficos vehículos para navegar. Navegar en las aguas desconocidas, en naves que te llevan hasta el confín de los mares y océanos y que una vez usadas hasta la extenuación dejan de tener su función. El viajero ya sabe ahora que solo fueron un medio para ir más allá, y que ese más allá le ha dejado y le sigue dejando en el lugar de partida. ¿Y, entonces? Entonces todo el camino es soltar y soltarse, dejarse ir y dejar ir, y aún comprendiendo, el viajero/a todavía puede mostrar resistencia… ¡Ah!, ¡esa dulce y pobre condición humana!

Retoma fuerzas y déjate caer un poco más.

Recientemente, me encontré con alguien, Enrique, le conocí brevemente junto a su
esposa, buscadores y encontradores. El me regaló una metáfora: “Escoge: dragón o
pez”: Dragón, -le contesté no sin dudar y querer los dos a la vez- “No importa”- me
dijo- “¿Qué tienen en común sus pieles?”, “las escamas” – respondí- “Eso es, así es la
vida, nuestra actitud es de caminar por la piel en dirección de la cola a la cabeza, nos
encontramos con una escama y con otra y con otra, y requiere que hagamos un
esfuerzo para subirlas, y un salto, y a la siguiente. A veces, la escama puede ofrecer
resistencia, un obstáculo que requiere de más esfuerzo por nuestra parte, y otras
veces, la escama está tan levantada que no podemos saltarla, es un impedimento. No
nos damos cuenta que si giramos la dirección, en lugar de seguir contra el flujo de las
escamas, nos deslizaríamos hacia la cola, volveríamos a casa, soltando la resistencia,
suelta”. “Yo que llevo 40 años en mi profesión, sé que tendré que dejarla” –concluyó-.
Este cuento me permitió poder ver y sentir profundamente algo que me alivió. Uno
puede sentir por un instante que se le ha revelado la forma del misterio en toda su
profundidad, o eso quiero creer.

Así se revela el Shivaismo Tántrico de Cashemira, en su comprensión del “spanda” la vibración cósmica universal expresada a través de su danza “Tandava” y de sus enseñanzas nos adentramos en la comprensión, visualización, vivencia del Todo. De nuevo la muerte al dejar traslucir su forma nos lleva a apreciar su no forma y la plenitud vital se manifiesta en toda su esplendorosa verdad.

Pero no me engaño, si he podido tener un vislumbre habrá sido un efímero regalo, y ni siquiera sé si lo he tenido y entonces, va llegando la comprensión de que en el fondo de la forma y de la no forma, ese seguridad cognitiva es casi una contradicción con el
conocimiento de lo inefable.

Facilito grupos de Pérdidas y Duelo desde hace años -creo recordar que el primer grupo lo empecé en el 2004 en Gestalt Mediterráneo en Mallorca, fue una idea que agradezco que permitieran implementarla los directores Julio, Javier y Patricia-. Por primera vez se introducía el cuidado y aproximación al duelo, a la pérdida, a la muerte en la formación de Terapia Gestalt en España- en esos grupos, que han ido evolucionando profundamente en estos años, he hallado una expresión de amor en los participantes y alumnos/as como antídoto del miedo al dolor, a la pérdida, y a la muerte. Claro, que esta mirada me la han transmitido las personas que morían, mi hermano, mi Maestro Claudio Naranjo, mis terapeutas y supervisores Cristina Nadal y Susana Volosín y también Paco Pañarrubia. Y tantos otros Maestros en todos los ámbitos recorridos, como Erv & Miriam Polster o Tsoknyi Rinpoché, y muchos compañeros/as de viaje.

Taller de Pérdidas y Duelos

Foto 1 y 2. Taller de Pérdidas y Duelos en Escuela Qualia de Terapia Gestalt. Alpujarra, Granada.

En el taller se usan vehículos de muchos tipos. La atención suele ser un hilo conductor. Mantener la atención constante nos permite evitar la negación, el escape, la deflexión, la huida, y aproxima a tocar el dolor rechazado con más seguridad, con entrega, con amor a su significado más profundo: la posibilidad de la entropía, cruzar el punto
extremo, el punto cero, el posible lugar de auto-aniquilación para poder traspasarlo y seguir en vida o no. Muerte y Resurrección. Implosión y Explosión. Cuando uno se acerca a ese punto y ya lo hace con total entrega y apertura puede llegar a intuir y saber que el resultado vida o muerte ya no tiene gran significado real.

Y ¿qué nos permite el cultivo de esa atención continua?: el silencio, el ritual, el lenguaje simbólico y sus símbolos, la puesta en escena, el color, la respiración circular, la música, el grupo, la fuerza de contención de la terapeuta y sus ayudantes a través de la presencia incondicional. La apertura del dolor. La llegada a la vulnerabilidad, la confianza, en definitiva, el amor.

De nuevo, una navegación, y la nave va, y la impermanencia se manifiesta y algunos/as la perciben y otros no, y todo ello está bien porque formamos parte de lo mismo, el mismo sabor. Tantos autores, tradiciones, vías de conocimiento, lo psicológico, y espiritual saben de la capacidad del lenguaje simbólico (y del poder de la visualización) que facilita y permite el llegar a traspasar niveles de conciencia ordinarios y restringidos a la racionalidad.

Agradecida de tener la oportunidad de haber vivido la experiencia del taller del duelo. No se aun que escribir en esta carta, lo que me llevo de ese taller es tan intenso y tan de dentro, que me lo llevo puesto. Llevarlo a la mente, a la palabra me resulta difícil.
Desde que hice el taller tengo una paz interior, una tranquilidad y sensibilidad nueva en mí. Me siento agradecida a la vida de darme la oportunidad de sentir la vida un día más… con todo lo que conlleva la vida. El taller para mi supuso un nuevo recordatorio de la consciencia de la muerte y las perdidas, tanto la mía propia como la de los demás. Y esa consciencia presente que se me avivo en el taller me hace sentir más agradecida a la vida, fijándome más en los regalos que cada día la vida me ofrece. Aceptando la vida como venga. El relacionarme con mis seres queridos, desde otro lugar, sabiendo que mañana igual no están aquí o soy yo la que se va, me hace disfrutar más aun de su presencia hoy. Las vivencias que experimente en el taller fueron muy intensas. Fue muy intenso para mí. Y más que la descripción fueron las sensaciones corporales. No tengo palabras, me lo llevo dentro, puesto… como algo intenso que mi ser lo
sabe.
En terapia individual sigo trabajando con toda la simbología que conlleva esta dinámica vivida, mi terapeuta me recomendó en una de las sesiones hacer un dibujo de una de estas imágenes y colocarla en algún lugar visible como recordatorio. ¡Uff!, gran herencia y regalo. Testimonio de I. Málaga 2016

En mi experiencia, he ido adquiriendo alguna comprensión respecto a la fuerza de lo simbólico, lenguaje que permitió al ser humano sobrevivir en sus primeras representaciones como individuo prehistórico. Su fuerza sigue moviéndonos por dentro en capas profundas a las que de otro modo tenemos difícil acceso, capas pre- verbales, sensoriales, nucleares y así, experimentamos vivencias que podemos llamar no ordinarias y, sin embargo, fueron las experiencias más naturales vividas en toda nuestra existencia humana. “Un símbolo solo despierta lo que está próximo a la superficie de nuestra consciencia, de manera que debemos descubrir lo que es significativo en nuestra condición individual del momento».

Foto 3. Símbolos que usamos en el Taller de Pérdidas y Duelos. Escuela malagueña de Terapia Gestalt Lamar.

El ritual como estructura que se apoya en el símbolo permite el traspaso de fronteras internas del individuo y permite el traspaso de fronteras entre individuos y seres. Une en comunión grupal, y une Cielo y Tierra en un encuentro Unitario del que todavía uno puede no estar consciente pero que anhela. “Todo arte es ritual en el sentido en que para experimentarlo debemos identificarnos con él. Pero el ritual es la representación deliberada de formas simbólicas que aceleran el proceso de identificación”. “La esencia del ritual radica en la combinación de un símbolo integrador (un arquetipo, diría Jung) con la técnica de la identificación mediante la cual, dándole nuestra vida, podremos descubrir parte de nuestra existencia”.

Nuestra sociedad tecnológica ha querido matar, negar esta verdad, y ha llamado locura a muchas manifestaciones que no son locas, y ha querido curar desde la comprensión del neocortex invalidando los recursos del organismo y del Ser pertenecientes a otras esferas. “Naturalmente, es posible experimentar un ritual de forma mecánica sin la identificación interna o empatía; esto ocurre con tanta frecuencia que el ritualista ha llegado a significar “sin vida, sin emoción o participación interna”

Aprendamos y recordemos de otras culturas sobre el valor del ritual y de la expresión emocional: “A diferencia de la gente de Occidente, los dagara creen que es terrible suprimir el propio pesar. Solo a través de la expresión apasionada puede aplacarse la pérdida y asimilarse en una forma con al que pueda vivirse”. “La aflicción en público es limpieza – de importancia vital para toda la comunidad”. “Un adulto que no puede llorar es una persona peligrosa que ha olvidado el lugar que la emoción ocupa en la vida de una persona”. “Durante un ritual funerario dagara, se liberan todo tipo de penas, no solo el pesar por el fallecido, sino todo el dolor de la vida cotidiana”.

Hace un año a raíz de uno de mis viajes a México pude coincidir en noviembre con las fiestas de Todos los Santos y del Día de los Muertos en un pueblo cerca de Puebla. Mis amigas Lolique y Tere me llevaron a Huaquechula – un lugar especial porque los altares
que se hacen a las personas que han muerto hace menos de un año son muy diferentes a los habituales de todo México- Fui, expectante, ya en los días previos sumergida y rodeada por todos los símbolos, olores y preparaciones, las mismas que fueron envolviendo la llegada al pueblo. Tuvimos la suerte que ya en la primera casa en la que entramos el impacto nos atrapó. En la entrada de la casa dos de los familiares recibían a los visitantes, llevaban camisetas con fotos de dos ancianos y una mujer de unos 50 años. Dos grandes altares, blancos, altos hasta el techo cubrían toda la habitación, estaban llenos de fotos, comida que les gustaba a los difuntos, dulces de
muertos, objetos de las tres personas fallecidas, dedicatorias, expresiones de amor, flores amarillo/naranjas –Cempazuchitl – y flores de terciopelo púrpura – el pueblo estaba envuelto por campos y campos de estos colores y claro los altares llenos también. Llenos de diferentes ofrendas de azúcar, con formas de claveras, ataúd, o de cualquier otro objeto relacionado con la muerte y sus rituales. El espíritu religioso local se mezclaba en este caso con la cultura gringa ya que muchos de los familiares habían emigrado a Nueva York y traían esas camisetas con fotos, y había portarretratos electrónicos, y cosas que anunciaban una fusión cultural. Los abuelitos habían muerto hacía menos de un año, la señora murió un día, y al día siguiente murió su esposo sin haberse enterado de que ella había ya fallecido. La hija mayor, que vivía con ellos, murió a los tres meses, toda la familia del pueblo, del resto de México y de NY estaba allí para honorar, honrarles y llorarles. La historia bien valía la pena como para que la TV mexicana les estuviera entrevistando en la propia casa. Poco a poco fue adquiriendo para mí una comprensión cada vez más profunda del poder del ritual y la celebración simbólica para drenar el dolor y sus posibles traumas. Al pasar a la segunda habitación se nos presentó el tercer altar blanco inmaculado, enorme, dedicado a su hija.

electrónicos, y cosas que anunciaban una fusión cultural. Los abuelitos habían muerto hacía menos de un año, la señora murió un día, y al día siguiente murió su esposo sin haberse enterado de que ella había ya fallecido. La hija mayor, que vivía con ellos, murió a los tres meses, toda la familia del pueblo, del resto de México y de NY estaba allí para honorar, honrarles y llorarles. La historia bien valía la pena como para que la TV mexicana les estuviera entrevistando en la propia casa. Poco a poco fue adquiriendo para mí una comprensión cada vez más profunda del poder del ritual y la celebración simbólica para drenar el dolor y sus posibles traumas. Al pasar a la segunda habitación se nos presentó el tercer altar blanco inmaculado, enorme, dedicado a su hija.

Seguimos entrando en la amplia casa del pueblo y nos fue llegando la corriente de personas, una habitación enorme, y otra, y otra, llena de gente comiendo en grandes mesas y seguimos y llegamos al patio de la casa, humilde, amplio, lleno de gente cocinando, ataviados con el distintivo de la camiseta con la foto. Había gente comiendo por todos los rincones de la casa. Nos sirvieron cordero riquísimo en su salsa y postre, y agua de Jamaica, sentarse en una mesa implicaba comer sino había que ceder el sitio a otros visitantes, se fue descifrando un flujo que nos atravesaba con cada familiar que se acercaba y nos contaba su vivencia, su duelo.

Revista de la Asociación Española de Terapia Gestalt

Desde la suavidad, desde la firmeza, desde el control de los rituales, iban contando, y contando, como fue, y como lo vivieron… Y así estaban esperando que unas 2000 personas pasaran por allí en dos días y uno comprende como todo ello va más allá de un acto social cuando lo viven con respeto, con amor, y con entrega. La celebración, la generosidad formaba parte de dar- uno pierde pero gana con la muerte- y siempre esa expresión es recompensada. Al contar la historia decenas de veces al extraño, al visitante, se produce una catarsis del dolor, un “debriefing” que trata lo traumático. Y al dar, unos bienes, una comida, se disuelven las culpas, se regala al difunto con una fiesta expiatoria que regenera al amor, y a la purificación.

Gestalt Claudio Naranjo

Es una de las ocasiones en que vivencié de forma muy clara el valor del rito, de la tradición en la comunidad, su valor curativo, su valor de unidad. Se podría decir que queda contaminado con expresiones mercantilistas o de convención social, pero aún así el símbolo no pierde su fuerza ni su potencial transformador del duelo. ¡Gracias México! Quiero cerrar estas reflexiones con el poema de unos de los poetas que más admiro, Mario Benedetti:

Invisible

La muerte está esperándome
ella sabe en qué invierno
aunque yo no lo sepa
por eso entre ella y yo
levanto barricadas
arrimo sacrificios
renazco en el abrazo
fundo bosques que nadie
reconoce que existen
invento mis fogatas
quemo en ellas memorias
tirabuzón de humo
que se interna en el cielo
por eso entre ella y yo
pongo dudas y biombos
nieblas como telones
pretextos y follajes
murallones de culpa
cortinas de inocencia
así hasta que el baluarte
de cosas que es mi vida
borre la muerte aleve
la quiete de mis ojos
la oculte y la suprima
de mí y de mi memoria
mientras tanto
ella espera

(De Viento del exilio, Inventario Uno, 44.)

¡Mantente Informado!